[revisión del original del 28 de Septiembre de 2003]
- … lo que pasa es que tu no entiendes que te quiero como un amigo, …

Así de sincera y de cruel resulta la vida cuando te la cuenta tu mejor amiga. Pensemos por un momento en el mito de la “mejor amiga”.

¿Por qué las tías se empeñan en engañarnos? Mantienen que ellas buscan alguien sincero, amable, que las quiera, que las escuche e incluso las comprenda, alguien que las haga reir, sea inteligente y comparta gustos. Bien, la mayoría de las personas que conozco que cumplen dichos rasgos acaban encasillados en alguno de estas dos posibilidades:

· “Joder, que pesao el tío este con el cine, no ve que no me mola?” (alias pesado),

o bien,

· “Te quiero muchísimo corazón, lo que pasa es que tu no entiendes que te quiero como un amigo, nunca nadie ocupará tanto mis pensamientos como tú, eres único” (alias mejor amigo).

En muchas ocasiones depende de si tenemos algún amigo que le guste a la señorita en cuestión la elección de las anteriores opciones.

Ejemplo práctico:

1er día de universidad, vamos todos a clase con libretas nuevas, con el estuche y los pilot recién comprados, entras en el aula y te encuentras ante la inmensidad de la superpoblación docente, a lo lejos ves un sitio y corres a ocuparlo. Resulta que la chica de al lado es una vieja compañera de clase del instituto que hacía años que no veías. En0 realidad no la conoces mucho pero ella se alegra al verte y comienza el tema.

Después de ponernos al día con nuestras vidas empezamos a tomar apuntes y atender a clase, la verdad es que te gusta y parece que le ha hecho ilusión verte, ambos factores te hacen pensar…

Y pensando finaliza la primera clase y con ella da comienzo el primer asalto real, llevártela a la cafetería a tomar el socorrido café. Empieza a contarte lo mal que está porque acaba de dejar al último novio, realmente llegas a interesarte por sus desgracias pero intentas no demostrarlo para no dar la impresión de blandengue pero te tiras el resto de la mañana pensándolo.

Es la preocupación que te ha impregnado la que te provoca una sensación de desazón y compasión que mal interpretada te lleva a dar un paso más (se suele mal interpretar, todo sea dicho).

No la ves más en la mañana porque no coincidís en las clases.

Pasas el resto de la semana divagando, la ves de vez en cuando, el jueves incluso te la cruzas en la discoteca de turno y os saludais, quedais para comer juntos y ver los apuntes al día siguiente.

Esa mañana te preparas bien, llenas tu carpeta de los pocos apuntes que has recopilado, te afeitas, duchas y cuidas tu maltrecha higiene (la primera semana es dura…). Llegas a clase pronto, pillas sitio para tí y para tu amiga (a la postre amiga invisible), y no aparece… Llega la hora del descanso y aun albergas esperanzas de verla aparecer con cara de sueño, vaqueros y camisa blanca, coleta en el pelo y su mejor sonrisa… y ¡OH caprichos del destino! aparece, está expléndida, piensas que es tu oportunidad cuando de repente aparece un maromín con sandalias, pantalones rotos, polo de colores con numeritos, el pelo HORROROSO de moda y las llaves colgadas en una cinta O’neal y se le tira a los brazos, se dan un morreo y se sientan en el otro lado de la cafetería. Comprendes que vas a comer solo y pides unas bravas y cervecita para amenizar lo que te viene encima.

En esa etapa te vienen a la cabeza las palabras que decía convincente durante la semana: “No creo que pueda tener una relación con un hombre en algún tiempo, estoy dolida, sabes? me han tratado muy mal y ahora quiero a alguien más sensible, adulto y paciente con mis defectos, paso de niñatos…” PLAFF

PLAFFFF y PLAFFF te das sendos cabezazos contra la puerta del baño por imbécil, ese fin de semana te dedicas a quedarte en casa amargao pensando que te han utilizado y que nunca más caerás…

Llega el lunes, te sientas en la esquina más alejada de la entrada, no quieres verla claro. Pero ella se las apaña para sentarse a tu lado y contarte lo contenta que está y lo bien que lo han pasado ese fin de semana, él tiene un chalet en jávea y una moto porque todavía no tiene edad para el carné de coche, sus amigas le han dicho que es un poco cabroncete pero da igual con ella será diferente. Aguantas estoicamente las embestidas de la falta de cohesión neuronal en tan bonita cabeza, pones una atención que te sorprende incluso a ti mismo en sus explicaciones y al terminar la clase te dice las palabras mágicas… “Muchas gracias por escucharme, estoy super contenta de tenerte a mi lado y saber que puedo contarte mis cosas, eres un cielo” te planta un besito en la frente y se va…

Y ahí estás tú… No es que estés destrozado, simplemente te ha vuelto a pasar, has vuelto a caer, tienes una amiga más, tienes otro no-polvo que te llamará cuando deje al novio para que la lleves a cenar para contarte otra vez las mismas mentiras que conoces de memoria, las mismas promesas sin visos de cumplirse. Piensas que cumples absolutamente todos los requisitos que expresa que debería tener su hombre ideal. Llegas a la fatídica conclusión que eres su hombre ideal y te callas, pagas la cuenta y dejas que la vida siga su camino.

El único consuelo que me queda es pensar que realmente le quieren a uno, que no es casualidad que la gente aparezca en unos momentos dados. Seguiremos enamorados mucho tiempo aunque lo neguemos pero nunca podremos afrontarlo de verdad, eso si el día que encontremos a alguien que comparta nuestras inquietudes, nos comprenda y nos quiera, ese mismo día llamará la “mejor amiga” porque acaba de dejar al novio y le diremos que sintiéndolo mucho estamos con una chica y no podemos ir… entonces quedará claro que ya no somos nadie para ella y nos dejará para siempre, llevando el egoísmo a límites dificilmente alcanzables por uno mismo.

Pero bueno, ellas son así, hay que comprenderlas y quererlas y yo lo hago.