Original del lunes, diciembre 26, 2005

Recientemente leí algo en el blog de una amiga sobre la vida, es su visión y me ha hecho pensar un rato en esa misma dirección.
Es la vida un camino? somos cada uno de nosotros un caminante que va recorriendo su senda? qué hay a los lados del camino?

Camino


Podemos pensar, en efecto, que la vida es un camino por el que transitamos desde que nacemos hasta que morimos, podríamos pensar que en ese camino encontramos otros caminantes e incluso otros caminos por los que andar, podríamos encontrar piedrecitas, piedras e incluso rocas… todo lo anterior para describir alegoricamente las dificultades, oportunidades y sucesos de la vida.
Ahora bien, habiendo aceptado la alegoría anterior yo expongo la siguiente:

Ver la vida como un camino, una senda única con un único comienzo y hacia un único final puede ser desalentador. Cuántas veces cuando caminamos hacia un destino nos paramos a mirar un paisaje y sentimos el deseo de estar allí donde el sol se pone? Cuántas veces hemos visto a lo lejos una casa y hemos pensado en la gente que vive dentro? Cuántas flores hemos visto a pocos metros del camino y hemos soñado en pasear eternamente rodeados de su perfume? y cuántas veces hemos apartado estos pensamientos de nuestro consciente cegados por el destino de nuestro camino?
Son aquellos que saltan del camino para trepar una loma desde donde ver la puesta de sol, aquellos que llaman a la puerta de la casa, aquellos que se dejan llevar por la belleza de las flores, son ellos quienes conocen la felicidad porque ellos no conocen camino alguno, ellos “hacen camino al andar” y de ese camino que van recorriendo nada saben y nada esperan y, así, subiendo montañas, cruzando ríos, levantando piedras, trepando árboles o saltando vallas alcanzan a ver aquello que su alma persigue.
No creo en los caminos, creo que, como dijo Machado, “Caminante no hay camino; sino estelas en la mar…”, no creo en los caminos pero creo en las flores, en las piedras y en los bosques, creo en lagos y ríos donde encontrar lo inesperado. Sobre todo creo en aquellos parajes que descubrimos cuando decidimos escapar del camino sin rumbo fijo, persiguiendo una corazonada que nos lleva, sin esperarlo, a encontrar una flor, un símbolo, a otro caminante.
Conclusión: La vida está llena de piedras que levantar, árboles que trepar, montañas que ascender y ríos que remontar, caminos que abandonar, puertas que abrir y flores a las que amar. Ojalá cuando mire atrás encuentre muchos paisajes visitados, muchas puertas abiertas, muchas piedras rotas y, sobre todo, muchas flores amadas.